Argentina, como siempre, no descansa ni después del Mundial — apenas se apagó la euforia futbolera, el gobierno de Milei volvió de lleno a las reformas. Sobre la mesa está de nuevo la ley de “inocencia fiscal”, la reforma del Banco Central y la desregulación de farmacias, librerías y el mercado inmobiliario — en fin, el ministro Sturzenegger parece decidido a desregular todo lo que se le cruce. Mientras tanto, una nueva encuesta mostró que los políticos argentinos siguen sin ganarse el cariño popular: 19 de los 20 dirigentes más conocidos tienen un balance negativo de opinión, y hasta el propio presidente quedó apenas octavo en el ranking, bastante lejos del podio de rechazo que encabezó el ex jefe de Gabinete con un contundente 88% de imagen negativa.
Del lado internacional, Milei se subió a un avión rumbo a Brasil para participar del lanzamiento de la campaña presidencial de Flavio Bolsonaro, y aprovechó para cuestionar duramente al gobierno de Lula. Como suele pasar con este tipo de gestos, la relación bilateral —ya de por sí tensa— sumó un capítulo más. En el plano económico, en cambio, las noticias fueron más auspiciosas: Moody’s volvió a subir la calificación crediticia del país por tercera vez en tres meses, destacando el superávit fiscal y la desaceleración inflacionaria, aunque los precios del dólar podrían acercarse a los 1700-1800 pesos en los próximos meses según trascendió, algo que el gobierno prefiere explicar como parte normal del esquema de flotación y no como señal de crisis.
La economía, mientras tanto, sigue un poco de sube y baja: en mayo se contrajo 0,5%, el segundo mes consecutivo de caída, pese al buen desempeño de sectores como la energía y el agro. Y como frutilla del postre, hubo revuelo en Mendoza, donde la vicegobernadora estuvo cerca de un pedido de juicio político por comentarios sobre la selección de Francia, aunque finalmente los legisladores locales decidieron no avanzar con la sanción. La CGT, por su parte, retomó las protestas con una marcha de jubilados frente al Congreso, así que entre reformas, viajes y reclamos gremiales, no parece que este invierno porteño vaya a ser precisamente tranquilo.






