Los jóvenes de entre 18 y 30 años representan cerca de una cuarta parte del electorado argentino y constituyen un grupo claramente diferenciado en términos estadísticos, con preferencias que se apartan de las del resto de las franjas etarias. En las elecciones de 2023, los jóvenes de 18 a 29 años sumaron 8.337.914 electores registrados, equivalentes al 24,29% del total. Es una proporción similar a la de los jubilados y considerablemente mayor que la de cualquier otro grupo demográfico individual. Sin embargo, para agosto de 2026, el electorado joven pasó de ser uno de los principales activos del oficialismo a convertirse en una de sus mayores vulnerabilidades. Por eso, entender cómo se distribuye su voto resulta clave para analizar el escenario de 2027.
PASO 2023: el quiebre con los partidos tradicionales
En agosto de 2023, tres semanas antes de las PASO, una encuesta de la consultora Taquion mostró un dato que en ese momento parecía una anomalía: entre los jóvenes de 18 a 30 años, tres de cada diez decían que no pensaban votar por ninguno de los candidatos conocidos o que todavía no habían decidido su voto. En ese segmento, Javier Milei era el único candidato que superaba el 10% de intención de voto. Las estructuras tradicionales, tanto el peronismo como Juntos por el Cambio, prácticamente no aparecían entre las opciones que los jóvenes consideraban reales. Las PASO de 2023 fueron así algo más que unas elecciones primarias: representaron la primera señal clara de que el escenario político argentino estaba cambiando.
El perfil del joven que apoyaba a Milei en 2023 también era particular. Según la encuesta de Taquion, el 66,9% de los jóvenes que manifestaban intención de votar por Milei eran hombres, mientras que las mujeres representaban apenas el 33,1%. Esta brecha de género, una de las más marcadas de la historia electoral argentina, se mantuvo en las mediciones posteriores. En la práctica, los hombres menores de 30 años se convirtieron en el núcleo más firme de apoyo a La Libertad Avanza incluso antes de que comenzara formalmente la campaña electoral.
Primera vuelta y balotaje de 2023: los jóvenes como factor decisivo
En la primera vuelta del 22 de octubre de 2023 y, sobre todo, en el balotaje del 19 de noviembre, el respaldo juvenil a Milei quedó reflejado con mayor claridad. Una encuesta de CB Consultores realizada en octubre registró un 54% de apoyo a Milei frente a un 33% para Sergio Massa entre los votantes de 16 a 35 años. Los datos de Taquion correspondientes al mismo período mostraban una tendencia similar. Massa, en cambio, tenía una mayor fortaleza entre los grupos de edad media, aproximadamente entre los 35 y los 50 años, mientras que Patricia Bullrich concentraba más apoyo entre los mayores de 55 años. En otras palabras, los tres principales candidatos de la primera vuelta tenían perfiles de votantes claramente diferenciados por edad: los jóvenes se inclinaban por Milei, los adultos de mediana edad por Massa y los mayores por Bullrich y Juntos por el Cambio.
El hecho de que el electorado de Bullrich estuviera compuesto principalmente por personas mayores, y no por jóvenes, ayuda a entender por qué su respaldo a Milei en el balotaje resultó tan importante. Al sumar a su base juvenil a los votantes adultos que habían apoyado a Bullrich, Milei consiguió reunir sectores de distintas generaciones, desde los 16 hasta los 75 años. Esa combinación fue determinante para que alcanzara el 55,65% de los votos en la segunda vuelta.
La primera decepción después de las elecciones: el pico de febrero de 2025 y la caída tras LIBRA
Entre las elecciones presidenciales de 2023 y las legislativas de 2025, el respaldo de los jóvenes a Milei siguió una trayectoria bastante clara: primero creció, luego alcanzó un máximo y finalmente comenzó a caer. Según datos internos del Gobierno, la aprobación de Milei entre los jóvenes de 18 a 25 años llegó a su punto más alto en febrero de 2025, con un 70%. Ese mismo mes se produjo el lanzamiento de la criptomoneda $LIBRA, que terminó en un escándalo y en la primera causa penal que involucró al presidente y a su hermana Karina. Después de ese episodio, la tendencia comenzó a cambiar. Para abril de 2026, según los mismos datos de Casa Rosada, la aprobación entre los jóvenes había caído al 46%.
Elecciones legislativas de octubre de 2025: los jóvenes dejan de ir a las urnas
Las elecciones de octubre de 2025 marcaron un fenómeno nuevo: para una parte cada vez mayor de los jóvenes, la principal forma de expresar su posición política dejó de ser el voto por un partido determinado y pasó a ser directamente la decisión de no concurrir a las urnas. Entre los electores de 18 a 30 años, el abstencionismo alcanzó el 34,52%, un récord histórico desde el regreso de la democracia en 1983. En términos simples, uno de cada tres jóvenes argentinos no fue a votar.
La evolución del indicador en los últimos años muestra hasta qué punto cambió la participación juvenil. En 2017, el abstencionismo entre los jóvenes era del 19,88%; en 2019 bajó al 16,96%; en 2021 subió al 27,94%; en 2023 volvió a caer hasta el 21,92%, impulsado en parte por el efecto movilizador de la candidatura de Milei; y en 2025 dio un salto hasta el 34,52%.
Entre los votantes de 50 a 65 años también aumentó el abstencionismo, pero se mantuvo alrededor del 20%, aproximadamente un 40% por debajo del nivel registrado entre los jóvenes. Es decir, los jóvenes no solo votan de manera diferente: cada vez participan menos en las elecciones. Esta diferencia generacional en los niveles de participación se convirtió en una de las principales señales de alerta para la Cámara Nacional Electoral. En junio de 2026, el organismo convocó a una reunión especial con organizaciones de la sociedad civil y expertos académicos para analizar el abstencionismo juvenil como un problema institucional que requiere una respuesta antes de 2027.
La dimensión de género: una fractura electoral entre hombres y mujeres
Uno de los fenómenos estadísticamente más significativos del voto joven en los últimos años es la polarización por género, que en Argentina adquirió una intensidad particularmente marcada. Según una encuesta de la consultora Opinaia realizada en junio de 2026, entre los jóvenes de 16 a 25 años solo el 25% estaría dispuesto a volver a votar por Milei. Sin embargo, la diferencia entre hombres y mujeres es considerable: el respaldo llega al 38% entre los hombres jóvenes y cae al 18% entre las mujeres. Son 20 puntos porcentuales de diferencia dentro de una misma franja de edad.
Las raíces de esta brecha se remontan a 2023, pero desde entonces se han profundizado. En Argentina, las mujeres jóvenes suelen mostrar posiciones más progresistas en cuestiones sociales como los derechos reproductivos, la igualdad de género y la educación. Las propuestas de Milei en estos temas fueron percibidas de manera reiterada como contrarias a las posiciones de este sector. Las mujeres jóvenes se convirtieron así en uno de los primeros grupos en alejarse de La Libertad Avanza, incluso antes de que el escándalo de LIBRA acelerara el desencanto entre los hombres jóvenes.
Este fenómeno, asociado a una creciente brecha política entre hombres y mujeres de la generación Z, no es exclusivo de Argentina. Tendencias similares fueron registradas en Estados Unidos, Alemania, Corea del Sur y otros países. Sin embargo, en Argentina esta división alcanzó una intensidad especialmente marcada.
Participación partidaria: un fuerte distanciamiento de las estructuras políticas
El tercer nivel de análisis no tiene que ver con las preferencias electorales ni con la participación en las urnas, sino con el vínculo formal de los jóvenes con las estructuras políticas. Solo el 7,19% de los afiliados a partidos políticos en Argentina pertenece al grupo de 18 a 30 años. Entre los jóvenes de 16 y 17 años, la proporción cae al 0,01%.
El dato muestra un fuerte distanciamiento institucional. Los jóvenes, que representan aproximadamente una cuarta parte del electorado, tienen una presencia organizativa mínima dentro de las estructuras que seleccionan candidatos y ayudan a definir la agenda política. La principal excepción son las elecciones universitarias, donde la participación juvenil continúa siendo alta y competitiva. En las elecciones de la Universidad Nacional de La Plata de noviembre de 2025 participaron alrededor de 75.000 estudiantes. Pero entre la política universitaria y las elecciones nacionales existe una brecha que los jóvenes, al menos por ahora, parecen poco dispuestos a cerrar.
¿Qué significa esto para 2027?
El panorama del voto joven de cara a las elecciones presidenciales de 2027 muestra un escenario complejo. La Libertad Avanza conserva un núcleo de apoyo entre los hombres jóvenes, cercano al 38%, pero esa cifra está muy lejos del máximo del 70% registrado en febrero de 2025. Según una investigación de El Economista publicada en julio de 2026, solo el 15% de los jóvenes que votaron por Milei en el balotaje de 2023 afirma estar abiertamente decepcionado con el Gobierno. Por ahora, esto indica que no existe un traslado masivo de ese electorado hacia la oposición. Una proporción mucho mayor parece alejarse de la política mediante la abstención.
El peronismo también continúa teniendo dificultades para recuperar terreno entre los jóvenes. En 2023 fue la tercera fuerza dentro de este grupo, por detrás de Milei y del voto en blanco. Desde entonces no hay datos que permitan hablar de una recuperación significativa de su apoyo específicamente entre los votantes jóvenes.
Por eso, la principal pregunta sobre este electorado de cara a 2027 ya no es «¿por quién votan los jóvenes?», sino «¿los jóvenes van a ir a votar?». Si la tendencia actual continúa, para 2027 el abstencionismo entre las personas de 18 a 30 años podría superar el 35% y llegar incluso al 38%. Como este grupo representa cerca del 24% del electorado total, una participación cada vez menor podría dejar sin concurrir a las urnas a una parte muy significativa de la base electoral del país.
Ese fenómeno, más que las preferencias ideológicas de quienes finalmente voten, es una de las principales incógnitas del próximo ciclo electoral. Tanto el Gobierno como la oposición enfrentan el mismo desafío: encontrar una manera de movilizar a una generación que, de forma cada vez más frecuente, parece preferir quedarse en casa.






