El valor de la hora de trabajo se calcula a partir del salario mínimo. La ley fija 48 horas semanales y 200 horas mensuales, de ahí sale el precio por hora. En agosto de 2026, el salario mínimo está en 376.600 pesos por mes, lo que da 1.883 pesos la hora. Para comparar: en agosto de 2023 la hora valía unos 440 pesos, en agosto de 2019 unos 70,6 pesos, y en agosto de 2015 unos 27,9 pesos. Eso es un aumento nominal de 67,5 veces en 11 años, mientras que la inflación acumulada en ese periodo fue de alrededor del 12.000 al 13.000 por ciento. Dicho de otra forma, una hora de trabajo mínimo perdió casi el 99 por ciento de su valor original frente a la suba de precios, pero es justamente esa relación, y no el número en sí, lo que hace interesante la comparación.
Según el Centro CIFRA de la CTA, el poder adquisitivo real del salario mínimo en octubre de 2024 era un 54 por ciento más bajo que en noviembre de 2015. Para agosto de 2026 mejoró un poco, pero sigue alrededor de un 39 o 40 por ciento por debajo del nivel de fines de 2023. En criollo: una hora de trabajo con el mínimo hoy compra casi la mitad que hace once años.
Carne: un símbolo nacional que se volvió un lujo
Tomemos el asado, el corte más tradicional, el de los domingos. En agosto de 2015, el kilo costaba unos 45 pesos. Con la hora a 27,9 pesos, con una hora de trabajo se compraban 0,62 kilos, un poco más de medio kilo. En noviembre de 2019, el kilo estaba a 266,82 pesos y la hora a 70,6, así que por hora se compraban 0,26 kilos, ya la mitad que en 2015. En agosto de 2023, el kilo de asado llegó a 2.509,5 pesos con la hora a 440, y por hora solo se compraban 0,175 kilos, o sea 175 gramos. Y en agosto de 2026: el kilo promedio de asado ronda los 20.000 a 22.000 pesos (viendo que en marzo de 2026 ya estaba en 18.617 y la tendencia siguió), con la hora a 1.883 pesos. Con una hora de trabajo se compran unos 0,086 a 0,094 kilos, unos 90 gramos.
El resultado en 11 años: en 2015, una hora de trabajo compraba 620 gramos de asado. En 2026, unos 90 gramos. Es una caída de 6,9 veces. Dicho de otro modo, para comprar un kilo de asado hoy hay que trabajar entre 10,6 y 11 horas, más de una jornada completa. En 2015, para el mismo kilo alcanzaba con 1 hora y 37 minutos.
Leche: parece más accesible, pero también se encareció
Tomemos un litro de leche, un producto de primera necesidad que siempre estuvo en la mesa de los argentinos. En 2015, el litro costaba unos 9 o 10 pesos, y con la hora a 27,9 se compraban entre 2,8 y 3,1 litros por hora. En 2019, el litro estaba alrededor de 55 a 60 pesos, con la hora a 70,6, unos 1,2 litros por hora. En 2023, entre 400 y 450 pesos con la hora a 440, casi un litro por hora, una paridad. En 2026, el litro de leche en el supermercado está entre 1.900 y 2.200 pesos, con la hora a 1.883. Eso significa que con una hora de salario mínimo hoy se compra menos de un litro, aproximadamente 0,9 litros.
Así, la leche hizo una curva más suave pero igual de pareja: de tres litros por hora en 2015 a menos de un litro en 2026. Llama la atención que justo entre 2023 y 2026 la leche rompió la marca simbólica de “una hora = un litro” y quedó por debajo, pasando de ser un producto barato a uno relativamente caro para el que gana el mínimo.
Viajes en subte: la movilidad en la ciudad como medida de acceso
El boleto de subte en Buenos Aires es históricamente un buen termómetro de la “accesibilidad urbana”, y siempre se ajusta por inflación, a veces con retraso y otras por adelantado. En 2015, el viaje costaba 3,50 pesos, y con una hora de trabajo se pagaban unas 7,97 viajes, casi una semana entera de subte. En 2019, la tarifa era de 18,50 pesos, unas 3,82 viajes por hora. En 2023, con varios aumentos en el año, el precio promedio del viaje andaba entre 70 y 97 pesos, de 4,5 a 6,3 viajes por hora, o sea que en esa época el subte estaba bastante subsidiado. En 2026, la tarifa en Capital es de 972 pesos con la hora a 1.883, menos de dos viajes (1,94) por una hora de trabajo.
Acá aparece un contraejemplo parcial interesante. Justo en 2023, en plena inflación, el subte seguía siendo uno de los bienes más subsidiados, y eso le daba al trabajador de salario mínimo una movilidad relativamente mayor que hoy. Después de que Milei sacó los subsidios, la tarifa subió mucho más rápido que el salario mínimo, y hoy la hora de trabajo compra casi la mitad de viajes que en 2019.
Yerba mate: un producto “popular” con una historia complicada
La yerba mate es un producto que, en teoría, tendría que seguir siendo accesible siempre, porque es parte de la cultura alimentaria argentina. El kilo de yerba en 2015 costaba unos 35 a 40 pesos, y por hora se compraban unos 0,7 kilos. En 2019, unos 180 a 200 pesos con la hora a 70,6, unos 0,37 kilos. En 2023, unos 1.200 a 1.500 pesos con la hora a 440, unos 0,3 a 0,37 kilos. En 2026, el kilo de yerba de calidad media está entre 5.500 y 7.000 pesos con la hora a 1.883, unos 0,27 a 0,34 kilos por hora.
La yerba muestra una dinámica relativamente mejor que la carne o la leche: la caída de 0,7 kilos a 0,3 kilos en 11 años es de 2,3 veces, no de 7 como el asado. Pero igual, la tendencia es claramente negativa, y ninguno de los años que miramos fue un punto de quiebre.
Nafta: el combustible como medida de movilidad
El litro de nafta súper en 2015 costaba unos 14 a 15 pesos, y con una hora se compraban unos 1,9 litros. En 2019, unos 48 a 55 pesos, unos 1,32 litros. En 2023, unos 300 a 400 pesos con la hora a 440, unos 1,1 a 1,5 litros. En agosto de 2026, el litro de súper está alrededor de 1.400 a 1.500 pesos, y con una hora de trabajo se compran aproximadamente 1,26 a 1,35 litros.
La nafta es uno de los pocos bienes donde la caída del poder adquisitivo en 11 años fue la más chica: de 1,9 litros a 1,3, una baja de 1,5 veces, no de 7 como la carne. La razón es simple: el Estado siempre subsidió el combustible, e incluso después de que Milei los redujo, la nafta sigue siendo uno de los bienes más “cuidados” frente a la pérdida de valor de la hora de trabajo.
Panorama general: qué cambió más
Si ordenamos todos los productos según cuánto cayó el poder adquisitivo de la hora de salario mínimo desde 2015 hasta 2026, el cuadro queda así. Asado: menos 85 por ciento, la caída más fuerte. Leche: menos 70 por ciento. Viaje en subte: menos 76 por ciento. Yerba mate: menos 52 por ciento. Nafta: menos 33 por ciento, la menor, gracias a los subsidios.
Esta jerarquía no es casual. Los productos que están atados al dólar (la carne vacuna es exportable y sigue el precio internacional) fueron los más golpeados. Los que tuvieron control de precios o subsidios (nafta, subte en ciertos momentos) mostraron caídas más suaves. La yerba mate es un caso raro: un producto interno “popular” que igual se devaluó a la mitad, porque se produce casi todo en Misiones, el flete es caro y no tiene subsidios.
La anomalía histórica de 2026
El dato clave que sale de comparar estos cuatro años es que el poder adquisitivo real del salario mínimo en agosto de 2026 está más bajo que en 2001, el peor momento de la historia argentina reciente. Según Chajarí Digital de junio de 2026, el valor real actual del salario mínimo es aproximadamente un tercio del máximo histórico que tuvo en septiembre de 2011. Dicho de otro modo, un trabajador con el salario mínimo en la Argentina de agosto de 2026 vive con un poder de compra que cualquier trabajador de la época de Cristina, en los mejores años, consideraría directamente una miseria.






