Cuántas veces la Argentina incumplió los acuerdos con el FMI en los últimos 30 años

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Facundo Pereyra
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23 acuerdos en 70 años

El 11 de abril de 2025, la Argentina firmó un nuevo acuerdo con el FMI: el vigésimo tercero de su historia, y que en la gran mayoría de los casos terminó en fracaso. Es un récord absoluto entre los países miembros del organismo. El simple hecho de que se firmen acuerdos una y otra vez ya dice mucho sobre la naturaleza de esta relación: cada nuevo programa existe, en gran medida, porque el anterior no se cumplió.

1989-2001: el ciclo clásico

El período que va desde fines de los 80 hasta 2001 es la ilustración de manual de este patrón. A principios de 1989, la Argentina ya había incumplido las condiciones del programa vigente, por lo que fue suspendido. A fines de ese mismo año, el gobierno de Menem negoció un nuevo préstamo por 1.400 millones de dólares, y volvió a incumplir las metas en tiempo récord. Durante los 90, el país firmó varios programas en el marco de la convertibilidad que, en líneas generales, se cumplieron: un raro momento de luz en la relación con el Fondo. Pero todo terminó en catástrofe: en diciembre de 2001, una revisión técnica del FMI no aprobó el cumplimiento de las metas del programa y se negó a desembolsar el siguiente trampo. Ese rechazo fue el detonante del colapso final del sistema de convertibilidad.

2018-2023: el crédito más grande y el mayor fracaso

En 2018, Macri tomó el préstamo más grande en la historia del FMI: 57.000 millones de dólares. El programa no se cumplió: para 2019, la Argentina había vuelto a devaluar el peso, la inflación se fue de las manos y las elecciones terminaron en un cambio de gobierno. Alberto Fernández, que lo reemplazó, pateó las negociaciones para adelante todo lo que pudo y finalmente, en febrero de 2022, firmó un nuevo acuerdo a 30 meses para refinanciar la deuda de Macri. Este acuerdo tampoco se cumplió: al cierre de los cuatro años de gestión de Fernández, la inflación acumulada rondaba el 1000%.

2025-2026: el acuerdo número 23 y ya van dos incumplimientos

El acuerdo firmado en abril de 2025 por el gobierno de Milei contemplaba un crédito de entre 20.000 y 21.000 millones de dólares, y ponía como metas principales la acumulación de reservas, el superávit fiscal y la baja de la inflación. Ya la primera revisión mostró problemas: las posiciones netas de reservas cerraron en 4.700 millones de dólares, contra una meta de 1.100 millones. Una desviación importante que derivó en un pedido formal de waiver o eximición. El FMI concedió el perdón y desbloqueó el tramo.

La segunda revisión, que cerró en mayo de 2026, confirmó el mismo patrón: la Argentina incumplió la meta de reservas por segunda vez consecutiva. Las reservas netas cerraron 2025 en unos 14.100 millones de dólares, con una meta ajustada de 1.000 millones. Es decir, la desviación superó los 13.000 millones, incluso después de que el FMI ya hubiera flexibilizado la meta original en 6.500 millones en agosto. Aun así, el Fondo aprobó la segunda revisión y desembolsó 1.000 millones de dólares más, reconociendo los avances en las metas fiscales y monetarias y apelando al “ímpetu reformista” del gobierno.

¿Por qué el FMI sigue desembolsando créditos?

Aquí se nota la asimetría estructural de la relación. El directorio del FMI reconoció que el cumplimiento del programa fue “mixto” hasta fines de 2025, sobre todo en lo que respecta a la acumulación de reservas internacionales, y señaló directamente que la incertidumbre política y electoral de 2025 impactó de lleno en la marcha del programa. Aun así, el Fondo sigue desembolsando tramos porque la Argentina es su mayor deudor, y permitir un default implicaría admitir un fracaso sistémico del propio organismo.

El mecanismo de los waivers (ese perdón oficial a los incumplimientos a cambio de “medidas correctivas”) se usa de manera regular y, en la práctica, legaliza el incumplimiento de las condiciones después de que ocurren. En el marco de la segunda revisión, la nueva meta de reservas se movió a 3.500 millones para junio y a 8.000 millones para fines de 2026. O sea, los objetivos se amoldan a la realidad, y no la realidad a los objetivos.

Conclusión