Argentina atraviesa un boom del litio que ya dejó de ser promesa para convertirse en una dinámica concreta de exportaciones, inversiones y tensiones territoriales. El sector minero cerró 2025 con ventas externas por USD 6.037 millones, un récord histórico. Dentro de ese total, el carbonato de litio aportó algo más de USD 900 millones y todo indica que en 2026 superará con comodidad la barrera de los USD 1.000 millones.
La producción anual de 2025 alcanzó las 116.000 toneladas, frente a una capacidad instalada cercana a las 200.000. Para este año, la Cámara Argentina de Empresas Mineras (CAEM) proyecta un salto hasta las 172.000 toneladas (+48%), con exportaciones estimadas en USD 2.559 millones, lo que implica un crecimiento del 181% respecto de 2025. El motor de esa expansión es doble: más volumen y una recuperación del precio internacional, que ronda los USD 14,9 por kilo.
En paralelo, el mercado chino, que funciona como referencia global, volvió a empujar los valores. En enero de 2026, el carbonato de litio (LCE) superó los USD 20.000 por tonelada en el mercado spot, después de dos años de caída. En ese contexto, la Secretaría de Minería proyecta que hacia 2032 las exportaciones argentinas del sector podrían llegar a USD 11.341 millones, una cifra que multiplicaría por 17 los niveles de 2024 y colocaría al país como segundo productor mundial, detrás de Australia.
Quién compra y bajo qué condiciones
El mapa comercial del litio argentino está cada vez más concentrado. En 2024, China absorbió el 67% de las exportaciones, cuando un año antes ese número era del 43%. No es un dato menor: alrededor del 80% de la producción global de celdas y baterías se concentra en ese país. A la vez, el vínculo no es solo comercial. Empresas chinas han invertido unos USD 3.383 millones en siete proyectos ubicados en Jujuy, Salta y Catamarca. De ese total uno ya está en producción, tres se encuentran en construcción y dos avanzan en etapa de factibilidad.
En términos simples, China aparece en ambos extremos de la cadena: como principal comprador del mineral y como uno de los actores centrales en su extracción. Eso le permite un control significativo del flujo del recurso, mientras la mayor parte del valor agregado sigue fuera del país.
Cuánto queda en Argentina: el nivel provincial
El esquema de regalías ayuda a entender por qué el debate se vuelve sensible en el norte argentino. La alícuota base fijada por el Código de Minería es del 3% sobre el valor “boca mina”. En Catamarca, el esquema efectivo llega al 3,5% sobre facturación, mientras que en Jujuy es del 3%, con posibilidad de reducción hasta cerca del 1,6% si existe procesamiento dentro de la provincia. En la práctica, en el ciclo de precios altos de 2022, cuando la tonelada llegó a USD 80.000, las regalías representaron apenas el 2,3% de los ingresos de Catamarca y alrededor del 1,5% en Jujuy.
A eso se suma un dato estructural: en los presupuestos provinciales, cerca del 86% de los recursos proviene de la coparticipación federal. Los ingresos propios tienen un peso menor y, dentro de ellos, las regalías mineras ocupan un lugar marginal. En 2025, en la llamada “Mesa del Litio” (Jujuy, Salta y Catamarca), los ingresos mineros rondaron los $56.000 millones de pesos. Sin embargo, la falta de desagregación oficial por mineral deja un vacío importante: Salta respondió tarde y sin detalles a pedidos de información, mientras que Catamarca directamente no publicó datos específicos.
Nación vs. provincias: quién se queda con qué
La distribución impositiva muestra otro desequilibrio. Del total de la carga fiscal sobre la minería, las provincias retienen cerca del 15%, mientras que el 85% queda en manos del Estado nacional a través de Ganancias, IVA y retenciones.
En el caso del litio, las retenciones actuales son del 4,5% sobre el valor exportado. Es un nivel bajo si se lo compara con la soja, que tributa entre 30% y 35%. En otras palabras, el mineral estratégico del norte argentino paga una carga impositiva muy inferior a la del principal complejo agroexportador del país.
La cadena de valor: el punto ciego
Más allá de la discusión fiscal, el problema de fondo aparece en la cadena de valor. Argentina exporta principalmente carbonato de litio, es decir, un producto de procesamiento inicial. No produce de manera significativa celdas, cátodos ni baterías.
En 2025, el sector empleó apenas 5.187 personas de forma directa. Es un número reducido si se lo compara con el volumen de exportaciones proyectadas. El régimen RIGI, pensado para atraer inversiones, suma otro elemento: estabilidad fiscal y aduanera por 30 años. En la práctica, eso consolida el esquema actual incluso en escenarios de precios excepcionalmente altos, como el de 2022.
Una foto general
Con los datos disponibles a mediados de 2026, la tendencia es clara: el litio argentino crece rápido, atrae capitales y recupera precios. Pero la distribución del valor sigue siendo desigual. Las provincias productoraas captan entre el 1,5% y el 2,3% vía regalías; el Estado nacional se queda con la mayor parte de la recaudación, aunque con una presión relativamente baja en términos internacionales; y la mayor parte de la renta tecnológica, refinación, baterías y ensamblaje, se genera fuera del país, principalmente en Asia.
El ejercicio final, el que todavía falta, es el más complejo: medir cuánto vale una tonelada de carbonato de litio argentino cuando llega convertida en una batería para un vehículo eléctrico. Distintas estimaciones del sector coinciden en un rango similar: la participación argentina en el valor final no supera el 3% al 5%.






