El INDEC publicó el 31 de marzo de 2026 los últimos datos oficiales sobre pobreza, correspondientes al segundo semestre de 2025 (de julio a diciembre). Según el informe, el 28,2 % de la población de los 31 principales aglomerados urbanos se encontraba por debajo de la línea de pobreza. Esto equivale a unas 8,5 millones de personas en esas áreas y, proyectado a todo el país, incluidas las zonas rurales, a aproximadamente 13,5 millones de argentinos. Se trata del nivel más bajo registrado en los últimos siete años: la pobreza no descendía del 30 % desde el primer semestre de 2018. La indigencia, por su parte, se ubicó en 6,3 %, lo que representa cerca de 1,9 millones de personas en los centros urbanos y alrededor de 3 millones en todo el país.
Sin embargo, detrás de ese promedio nacional se esconde una realidad muy diferente. Las brechas entre regiones son tan marcadas que resulta difícil hablar de una única “pobreza argentina”: según el lugar del país, las condiciones cambian por completo.
Donde la pobreza es menor: la Ciudad de Buenos Aires y la Patagonia
La Ciudad Autónoma de Buenos Aires (CABA) volvió a destacarse con el mejor resultado del país. Fue el único aglomerado donde la pobreza se mantuvo por debajo del 10 %, con un 9,6 % de la población. No solo lideró el ranking nacional, sino que quedó muy por debajo del promedio argentino.
La Patagonia también mostró indicadores favorables. Como región registró una pobreza de 25,4 % durante el segundo semestre de 2025, con el mejor desempeño en el aglomerado Neuquén-Plottier, donde el índice fue de 22,4 %. Incluso Rawson-Trelew, el aglomerado patagónico con los peores números (32,9 %), se ubicó cerca del promedio observado en el Gran Buenos Aires.
La región Pampeana presentó una tasa de pobreza de 26,2 %. Entre los mejores resultados se destacaron Gran Rosario (22,3 %) y Río Cuarto, mientras que Gran Córdoba también cerró el semestre claramente por debajo de la media nacional.
El foco de la pobreza sigue estando en el noreste
El NEA, integrado por Corrientes, Formosa, Gran Resistencia y Posadas, registró una pobreza promedio de 32,7 % y una indigencia de 7,5 %, ambas por encima del promedio nacional. Dentro de la región existen diferencias importantes, aunque algunos casos siguen siendo especialmente preocupantes. Gran Resistencia, capital del Chaco, registró 42,2 % de pobreza y 13,2 % de indigencia. En otras palabras, casi uno de cada dos habitantes vive bajo la línea de pobreza y uno de cada ocho no alcanza siquiera a cubrir una canasta básica de alimentos. En términos absolutos, eso representa 180.486 personas pobres y 56.427 indigentes sobre una población de 428.187 habitantes.
Concordia, en la provincia de Entre Ríos, que forma parte de la región Pampeana, registró 49,9 % de pobreza y 13,6 % de indigencia, los peores indicadores de todo el país. Eso significa que prácticamente uno de cada dos habitantes vive en situación de pobreza, a pesar de encontrarse en una de las zonas agrícolas más productivas de Argentina y a pocas horas de Rosario. Con unos 170.000 habitantes, Concordia demuestra hasta qué punto los promedios regionales pueden ocultar enormes desigualdades internas.
En el NOA, la pobreza promedio fue de 28,4 %, aunque las diferencias también fueron marcadas: desde 23,6 % en Gran Tucumán-Tafí Viejo hasta 36,7 % en La Rioja, una de las provincias que continúa entre las más afectadas pese a la mejora registrada durante el último año.
Una misma área metropolitana, dos realidades completamente distintas
Uno de los contrastes más notorios aparece dentro del propio Área Metropolitana de Buenos Aires. Mientras que la pobreza en CABA fue de 9,6 %, en los partidos del Gran Buenos Aires alcanzó el 32,6 %. En la práctica, basta con cruzar el límite administrativo para que la incidencia de la pobreza se multiplique por más de tres. Además, debido a su enorme concentración de población, el Gran Buenos Aires reúne cerca de la mitad de las personas pobres del país, aunque su porcentaje de pobreza no parezca particularmente elevado en comparación con otras regiones. Es un ejemplo clásico de cómo un indicador porcentual moderado puede ocultar un problema enorme cuando se observan los valores absolutos.
Las ciudades donde la pobreza cayó con mayor fuerza
Entre el segundo semestre de 2024 y el mismo período de 2025 la pobreza descendió en casi todo el país, aunque a ritmos muy diferentes. La mayor reducción se registró en Santiago del Estero-La Banda, con una baja de 19,2 puntos porcentuales. Le siguieron: Gran Resistencia: -18,6 puntos;Formosa: -18,3; Gran Tucumán-Tafí Viejo: -17,2; Posadas: -16,1; Río Cuarto: -14,7; Jujuy-Palpala: -13,4. Paradójicamente, las mayores mejoras ocurrieron justamente en los aglomerados que partían de una situación más crítica.
Tras la devaluación de comienzos de 2024, por ejemplo, Gran Resistencia había llegado a registrar una pobreza de 76,2 %. Aunque luego logró reducir ese indicador en más de treinta puntos, continúa siendo uno de los distritos con mayor pobreza del país. En el otro extremo aparecen Bahía Blanca-Cerri (-2,9 puntos), Rawson-Trelew (-3,9) y Corrientes (-4,7), donde la mejora fue mucho más moderada. El caso de Corrientes resulta especialmente llamativo: fue el centro urbano del NEA que menos redujo la pobreza y cerró el semestre con 31,3 % de pobreza y 7,6 % de indigencia.
Un mapa que cambia poco con el paso de los gobiernos
La distribución territorial de la pobreza en Argentina no parece responder únicamente al ciclo económico. Durante los últimos siete años de estadísticas continuas, el NEA y el NOA se mantuvieron de manera sistemática entre las regiones con peores indicadores, mientras que CABA y la Patagonia conservaron los niveles más bajos. La tendencia se repite independientemente del signo político del gobierno de turno. En 2018, durante la presidencia de Mauricio Macri, cuando la pobreza nacional alcanzaba su piso reciente (27,3 %), el noreste seguía mostrando indicadores considerablemente peores que el sur del país. En 2024, cuando la pobreza llegó a superar el 52 %, esa misma jerarquía territorial volvió a repetirse.
Todo esto sugiere que las diferencias regionales responden a factores estructurales más profundos: una elevada informalidad laboral —que en el NEA supera habitualmente el 50 %—, una fuerte dependencia del empleo público y de las transferencias estatales, un sector privado menos desarrollado fuera de la actividad agropecuaria y décadas de menor inversión en infraestructura.
La distancia entre Concordia (49,9 %) y CABA (9,6 %) no puede explicarse únicamente por una coyuntura económica ni por una devaluación. Refleja una brecha estructural que se mantiene, con mayor o menor intensidad, a lo largo de los distintos ciclos económicos del país.






