Malvinas siguió siendo la vedette de la semana, y esta vez sumó un aliado tan inesperado como ruidoso: un ministro israelí llamó a las islas “territorio ocupado” y pidió a Netanyahu reconocer la soberanía argentina, algo que Buenos Aires celebró de inmediato como un logro diplomático. El funcionario a cargo de Malvinas en Tierra del Fuego fue todavía más lejos y pidió directamente romper el tratado de protección de inversiones con el Reino Unido, calificándolo de “error geopolítico” que le ata las manos al país para sancionar empresas británicas. Y sanciones hubo, otra vez: 15 nuevos directivos y compañías cayeron en la lista negra por actividades en las islas, mientras el propio Milei presentó una denuncia penal contra la israelí Navitas y otras firmas ligadas al proyecto petrolero Sea Lion, en paralelo a una demanda separada de excombatientes de Malvinas que busca frenar la exploración por motivos ambientales. Para completar el combo, se oficializó la creación de un sistema en la Cancillería que obliga a todos los organismos del Estado a avisar antes de cualquier gestión internacional que toque la soberanía sobre Malvinas, Georgias y Sandwich del Sur – como para que a nadie se le ocurra improvisar.
En el Congreso la cosa tampoco estuvo tranquila: la oposición bloqueó físicamente el recinto de Diputados para frenar el debate sobre la deuda del Estado con jubilados y personas con discapacidad, mientras en el Senado hubo tironeo por pliegos judiciales vinculados al titular de la AFA, con Bullrich hablando de “banalidad política” pero sacando la sesión igual. Milei, por su parte, se reunió con sus legisladores para presentarles en primicia el proyecto sobre Malvinas y los primeros lineamientos del Presupuesto 2027, seguido de su clásico combo de “masterclass” económica y cena partidaria en San Telmo – el ritual de fidelización de siempre. En el plano militar, Washington aprobó la venta de cuatro helicópteros Blackhawk por 140 millones de dólares, parte de un paquete mayor que incluye blindados Stryker, fusiles israelíes y más F-16, mientras en casa el Gobierno reafirmó su apuesta por la nueva base naval de Ushuaia, ahora con más de 300.000 millones de pesos asignados y finalización prevista para 2029 – aunque de los 400-500 millones de dólares que cuesta el proyecto completo, hasta ahora solo se reasignó un 30%.
En el plano económico, la noticia que el Gobierno más festejó fue la desaceleración de la inflación a 1,7% mensual en agosto, la más baja en 14 meses – Milei lo celebró a pura red social, aunque los críticos recuerdan que eso convive con caída industrial, menos empleo y salarios reales en baja. La industria, de hecho, viene golpeada de verdad: 90.000 empleos perdidos y casi 30.000 empresas cerradas desde 2023, con la capacidad instalada por debajo del 40% en junio, algo que el Gobierno prefiere leer como el costo necesario de la apertura económica. El FMI, mientras tanto, salió a bajarle el tono a la preocupación por la mora de los hogares, asegurando que la deuda de las familias sigue siendo baja en términos del PBI y que los bancos están bien capitalizados. Y como cierre casi surrealista, Trump se ofreció a mediar en el conflicto por Malvinas si hiciera falta, advirtiendo sobre una “catástrofe potencial” en caso de escalada – con esa frase, probablemente, la semana argentina encontró su resumen perfecto.






