Los argentinos suelen decir, medio en broma y medio en serio, que el país funciona con dos monedas y una sola religión: el peso oficial, el dólar blue y el fútbol. Por eso, preguntarse si el mercado paralelo de divisas reacciona a los éxitos de la Selección puede sonar a chicana. Sin embargo, es algo relativamente fácil de comprobar, y la respuesta termina siendo bastante más interesante de lo que parece.
Para este análisis tomamos tres grandes torneos: el Mundial de 2014, la Copa América 2021 y el Mundial de 2022, períodos para los cuales contamos con cotizaciones diarias del dólar blue.
Mundial 2014: Brasil, la final y el default
La Selección llegó a la final del Mundial de Brasil y el 13 de julio cayó ante Alemania por 1 a 0 en tiempo suplementario. Pero mientras tanto se desarrollaba otro drama: el 30 de julio de ese mismo año Argentina entraba en default técnico tras no alcanzar un acuerdo con los fondos acreedores en Estados Unidos.
A comienzos de julio de 2014, el blue se mantenía relativamente estable, moviéndose entre 11,85 y 12 pesos. Después de la derrota en la final empezó a mostrar una suba gradual: el 15 de julio cotizaba a 12,10 y entre el 16 y el 17 se ubicó entre 12,15 y 12,20.
A primera vista podría parecer que existe algún efecto. Pero hay un detalle importante: el propio 11 de julio la cotización había retrocedido levemente hasta 11,80 pesos. Es decir, el mercado no estaba precisamente pendiente del resultado deportivo.
El verdadero salto llegó más adelante. El 28 de julio el blue trepó de golpe hasta 12,90 pesos. Sin embargo, apenas se anunció el default, el 30 de julio, cayó a 12,20 para luego recuperarse rápidamente hasta la zona de 12,70.
La conclusión para 2014 es bastante clara: cualquier posible impacto de los resultados deportivos quedó completamente eclipsado por un acontecimiento político y financiero de enorme magnitud como el default. Estadísticamente, separar el “efecto fútbol” del “efecto deuda” resulta prácticamente imposible.
Copa América 2021: el primer título en 28 años
Este es probablemente el caso más limpio para analizar, ya que alrededor de la final no hubo eventos económicos comparables en importancia.
Argentina se consagró campeona de la Copa América el 10 de julio de 2021 tras derrotar a Brasil por 1 a 0 en el Maracaná. Era el primer título de la Selección mayor en 28 años.
El 7 de julio de 2021, último día hábil antes de la final, el blue cotizaba entre 167 y 172 pesos. A principios de mes se movía entre 164 y 169. Para el 15 de julio, cinco días después del título, la cotización ya se ubicaba entre 173 y 178 pesos, una suba cercana al 3,5% en apenas una semana.
Hacia fines de julio, el blue alcanzó los 175,50-180,50 pesos y acumuló un aumento mensual de casi el 7%.
Alguien podría decir: “Ganaron y el dólar subió”. Pero cuando se observa el contexto, la explicación parece bastante menos futbolera. En eesos días el blue ya acumulaba ocho ruedas consecutivas al alza y se acercaba a los máximos históricos registrados en octubre de 2020.
Los analistas atribuían esa tendencia a factores estructurales. Con las elecciones legislativas de medio término en el horizonte, muchos inversores buscaban cobertura en dólares, algo habitual en períodos de incertidumbre política. En otras palabras, la suba ya estaba en marcha antes de la final y continuó después por razones económicas y políticas, no deportivas.
Mundial 2022: Catar, Messi y el blue de diciembre
El Mundial de Catar es el caso que ofrece más información: siete partidos de la Selección entre el 22 de noviembre y el 18 de diciembre, incluida la histórica final frente a Francia.
Argentina arrancó el torneo con una derrota inesperada ante Arabia Saudita, pero luego venció a México y Polonia, eliminó a Australia, superó a Países Bajos por penales y derrotó a Croacia antes de consagrarse campeona del mundo frente a Francia, también por penales tras un inolvidable empate 3 a 3.
Durante noviembre de 2022, el blue se movió entre 286 y 319 pesos y cerró el mes en 314. Lo llamativo es que los movimientos más bruscos no coincidieron con los partidos. La mayor suba se produjo entre el 15 y el 16 de noviembre, cuando pasó de 290 a 308 pesos, es decir, antes incluso del inicio de la fase de grupos.
Ya en diciembre, el mes en que Argentina ganó el Mundial, el blue arrancó en torno a 312-313 pesos y avanzó de manera sostenida: 340 el 23, 346 el 26 y 356 el 27. El año terminó con cotizaciones entre 342 y 346 pesos, lo que implicó una suba mensual cercana al 9,25%.
Y acá aparece un dato clave: ni el día de la final, el 18 de diciembre, ni el día siguiente se observa ningún salto fuera de lo normal. El dólar venía subiendo por factores de fondo: la presión típica de fin de año sobre el peso, la demanda estacional de divisas y una inflación que seguía acelerándose y que terminó 2022 por encima del 94%.
El máximo del mes se alcanzó el 28 de diciembre, cuando llegó a 357 pesos, diez días después de la consagración. Luego retrocedió rápidamente hasta la zona de 346.
Conclusión general
Los datos no muestran ninguna correlación sistemática entre los triunfos de la Selección y los movimientos del dólar blue.
En los tres casos analizados, el tipo de cambio respondió principalmente a factores mucho más relevantes: el clima preelectoral, la inflación, los problemas de deuda o la demanda estacional de dólares. Frente a esas variables, los resultados deportivos pasan prácticamente desapercibidos.
Pero justamente eso también dice algo interesante. El mercado paralelo argentino está tan condicionado por tensiones estructurales que ni siquiera acontecimientos de enorme impacto emocional, como ganar la primera Copa América en 28 años o conquistar el tercer Mundial, generan un efecto visible en las cotizaciones. El mercado, sencillamente, está mirando otra cosa.
Si hubiera una hipótesis que valiera la pena estudiar con mayor profundidad, probablemente sería la inversa. No que “las victorias hacen bajar el blue”, sino que durante los grandes torneos el volumen de operaciones en el mercado informal podría reducirse temporalmente porque buena parte del país está pendiente de los partidos.
En teoría, una menor actividad podría incluso amortiguar algo de la volatilidad en el corto plazo. El problema es que para comprobarlo harían falta datos de volumen y, tratándose de un mercado informal, esa información simplemente no existe.






