La libra de Malvinas siempre estuvo atada a la libra esterlina. En las islas ambas monedas circulan sin problemas y se utilizan como si fueran una sola. Aunque la libra malvinense tiene su propio código (FKP), sus propios billetes y una autoridad local encargada de emitirla, la realidad es bastante más simple: su valor depende por completo de lo que ocurra con la moneda británica.
Las reservas que respaldan la emisión están invertidas en activos denominados en libras esterlinas y se encuentran en Londres. Por eso, cuando la libra británica sube o baja, la moneda de las islas hace exactamente lo mismo. No tiene margen para actuar de otra manera.
Brexit: asumir los costos de una decisión que otros tomaron
El mejor ejemplo ocurrio en 2016, durante el referéndum del Brexit. Los habitantes de las Malvinas no participaron en la votación porque las islas no forman parte del Reino Unido y tampoco intervienen en las elecciones nacionales británicas. Sin embargo, cuando se conoció el resultado, las consecuencias llegaron igual. Entre el 23 y el 24 de junio la libra esterlina cayó cerca de un 8% frente al dólar y alrededor de un 6% frente al euro, una de las mayores caídas registradas por una moneda de referencia internacional en décadas. La depreciación no terminó allí. En los años siguientes la libra pasó de rondar los 1,47 dólares a cerca de 1,29, y en 2022 llegó a tocar niveles próximos a 1,08 dólares en medio de la crisis inflacionaria británica.
La libra de Malvinas acompañó cada uno de esos movimientos. Para una economía que obtiene gran parte de sus ingresos de licencias pesqueras cobradas en dólares y euros, eso significó perder capacidad de compra en los mercados internacionales sin haber tenido ninguna participación en la decisión que originó el problema.
Una moneda sin banco central
Las islas tampoco cuentan con un banco central propio. Cualquier modificación importante en materia monetaria depende, en última instancia, de la aprobación británica. En la práctica, esto significa que las autoridades locales no pueden devaluar para mejorar la competitividad de sus exportaciones, emitir dinero para amortiguar una caída de ingresos ni fijar tasas de interés adaptadas a las necesidades de su economía.
Las herramientas que normalmente tiene cualquier país para enfrentar una crisis económica simplemente no existen en el caso malvinense. No porque hayan decidido prescindir de ellas, sino porque la política monetaria se define fuera de las islas.
¿Qué pasaría con el peso argentino?
Si las Malvinas estuvieran dentro de la zona monetaria argentina, probablemente enfrentarían fluctuaciones mucho más fuertes. El peso argentino ha atravesado años de alta volatilidad y cambios bruscos en su cotización. Pero ahí aparece una contradicción interesante. La inestabilidad del peso es consecuencia de decisiones económicas tomadas dentro de Argentina. En cambio, la estabilidad de la libra malvinense proviene de una moneda extranjera sobre la que los isleños no tienen ninguna capacidad de influencia.
En otras palabras, las islas disfrutan de la estabilidad que ofrece la libra británica, pero a cambio renuncian por completo a cualquier autonomía monetaria. No enfrentan los riesgos del peso argentino, pero tampoco cuentan con una política económica propia. Para medir con precisión cuánto gana o pierde realmente la economía isleña, habría que analizar la evolución del poder de compra de la libra malvinense frente al costo de las importaciones, sobre todo combustibles y alimentos, y compararla con otros escenarios monetarios posibles. Los datos existen: las estadísticas de importación son publicadas por el gobierno de las islas y las series cambiarias por el Banco de Inglaterra.






